Todos unidos podemos! Por un León limpio

Una sociedad es lo que representa, define y da carácter a un país. Cuando los integrantes de esta actúan de manera enfocada, con un objetivo común, la sociedad conjunta sorprende avanzando imparable hasta su cometido y en muchas ocasiones, alcanzando logros inimaginables. En otras ocasiones esta misma masa social es capaz de llevarse, si no actúa racionalmente, a la autodestrucción.
En los tiempos de globalización que estamos viviendo, es común que se creen dentro de las sociedades, situaciones o actuaciones paradójicas que a la vez que construyen, destruyen.
Mientras los integrantes de nuestra sociedad hoy en día disfrutan de un estado al parecer, cada vez más favorable y acomodado, surge una problemática de comportamiento y de inestabilidad que nos traslada otra vez a años luz de los principales países del mundo.
Se trata de nuestra actitud de cara al medioambiente. El pro-blema viene estando normalizado desde hace tantos años, que en pleno siglo XXI, no es difícil sino más bien frecuente ver como la población llena las calles de nuestra ciudad de basura botando despreocupadamente los envases a la calle.
Viajando en cualquier transporte público podemos observar como lastimosamente los usua-rios utilizan las ventanas como papeleras lanzando por ellas el envoltorio sobrante de un almuerzo o de un refresco. Esto es solo alguno de los ejemplos cotidianos que nos podemos encontrar en nuestro día a día.
El problema se nos ha ido de las manos hasta tal punto que no se le atribuye este comportamiento solo a un  pequeño numero de la población ni a un nivel social o cultural concreto, el problema esta tan extendido y asumido como conducta natural por la ciudadanía, que esta falta de educación, esta practicada de manera sistemática por gran parte de los habitantes del país, creando con su ejemplo de cara a los menores el cultivo perfecto para que se mantenga este conflicto.
Cada ciudadano debe ser consciente que dentro del marco de sus responsabilidades, tiene la obligación de no influir con su actuación en la erosión indiscriminada de nuestras zonas verdes ni de nuestros mares, alterando con ello la fauna y flora. Mucho menos con comportamientos tan gratuitos y evitables como botar residuos contaminantes en lugar de depositarlos en los lugares que le corresponden.
Estas actitudes tan poco éticas, egoístas y desfasadas del concepto de sociedad madura y productiva, son solo reversibles con una concienciación ciudadana integra, una verdadera revolución social.
En gran parte este conflicto está en las manos de nuestros representantes políticos que tienen la obligación de proveer a la ciudadanía de los medios necesarios para que esta actividad cambie.
El cambio de conciencia social tendría que estar impulsado y complementado por los orga-nismos públicos mostrando las directrices a seguir con iniciativas tan primarias y esenciales como la colocación de papeleras o depositarios al alcance de todos.
La inversión pública en limpiar diariamente las calles de la ciudad inundadas de desechos forzosamente tiene que ser tan escandalosa, que opino producente el plantearse una implantación de otro sistema efectivo para retener los residuos hasta que sean recogidos por las brigadas de limpieza de la alcaldía. Es más, considero que lo que ahora está vigente no puede ser considerado un sistema ni por muy erróneo que sea. Tomar el tiempo mínimo para elaborar un decreto que regule y sancione estas actividades tendría que ser planteado considerando los beneficios que nos aportaría en muchos ámbitos (higiene, sanidad, turismo, economía, medioambiente).
Todos los ciudadanos que conformamos esta sociedad tendríamos que poder vivir en una ciudad limpia y libre de tal cantidad de residuos en las calles, de poder pasear por nuestros montes sin que la basura condicione el entorno y poder disfrutar de las playas como la naturaleza nos las presta. Por ello todos estamos en nuestro de derecho de exigir a los que nos rodean el cumplimiento de sus deberes con la madre tierra.
Esta solo se trata de otra re-volución que realizar entre todos y ojalá en alguna edición futura de esta misma revista hayamos logrado entre todos la madurez medioambiental suficiente para debatir otros temas más acordes a nuestro siglo como son el reciclaje de residuos, por el momento, muy a nuestro pesar, seguimos jugando en otra liga.

Reportaje: Ivan Piqué

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