Biografía de los pesares (Prosa Ana Isela Vega)

En un atardecer cerca de la nada, en un día cualquiera, una dama carente de inocencia evidente, una dama con pesares, una dama sin nombre, acumulando en el tiempo la conciencia de vivir. Suspira por aquella pequeña niña la cual mato el tiempo y la ausencia, la distancia y la pena… Mientras mira el lejano horizonte en un letargo de cristales enlista negativamente sus deseos y quereres, dibujando en sus pupilas el silencio que interrumpe las siluetas de las sombras de aquel hombre que negó su presencia apostando a la desilusión.
Atraves del espejo, cristal de engaños y sueños vio pasar sus inquietudes y deseos, vio venir la vida intimidando con su mirada los pequeños y varios intentos del silencio, silencio que grita y magulla el vacio lleno de nada, simplemente nada. Cansada, harta, no quiere vagabundear en pieles que ya no ilusionan, en pieles que yacen secas, cansadas de brindar placeres tan llenos de vacío, cansada de la intensidad de siluetas inquietas que merodean el cuerpo, las ganas pero no la razón mucho menos el corazón. Aun le sobra el deseo, los motivos tristes, le sobra cada día, cada noche. Aunque quiere una noche, perdida en la inmensidad de la vida para negarse el resto de sus destinos, sino una noche que comience con eternas madrugadas. Confiesa que quiere amor, pero Que es el Amor?, Noches de placer?, Palabras dulces?, Versos Rimados? Con sus ojos cristalizados no encuentra una respuesta y un frio recorre su cuerpo y calor recorre su cuerpo, viendo un poco mas allá de lo presente no quiere acumular días en la espalda tratando de sonrojarse con las vanidades del vivir ni memos asustar el silencio que dia a dia rodea sus brazos, si cintura, su cuerpo y porque no su corazón? Quiere perderse en el infinito y llegar a ser, solo o quizás no ser, pero como? Todo su pensamiento es gris y piensa que no vale vivir, aunque aferrándose a un amor como se aferra un naufrago a una roca para no ser parte del olvido, cierra sus ojos cual ventanas y descansa, ya cansada quiere viajar inclusive navegar en aguas apacibles que arrullen su serenidad. A lo lejos, solo a lo lejos se distingue un brillo, que emana su ama, qué nace y sin pesar siempre se apaga. La dama desconsolada se consuela, sin lastima alguna, pero si con el corazón desgarrado decide seguir. Confesando todo a lo que su paso va, descubre la estupidez de haber creído y cuerdamente prefiere enloquecer. Enloquecida prefiere matar el recuerdo, pero dentro de si… ¡No! La melancolía la atrapa y la hace suya, en un balance entra la ira y la tristeza decide morir y con una copa pensando en su locura derrama veneno, vil veneno. Odio maldito! Que sacudes sus entrañas vil, cruel y sin sentimientos las opacas, la oscureces… las matas ya seca y serena, con sus ojos pálidos y su piel marchita, aun guarda su recuerdo sin querer, sin saberlo. Su corazón ha fallado y su vida la ha traicionado, una lágrima roda acariciando sus mejías y un suspiro emana…su melancolía. Etérea la dama convertida en nada donde su belleza y su piel de porcelana, su mayor enemigo el tiempo, su más cruel amor un hombre, decidió escapar a la eternidad llevando consigo el más cruel de los pesares, un amor ausente, un amor perdido , un amor distante.

Ana Isela Vega.

Anuncios