El Última vals – José de la Cruz Mena

La falta de reconocimiento en vida y la idoletracion una vez su fallecimiento, es un punto en común que tienen  muchos artistas o ilustres desde la época en que estos ejercen. Siendo renombradas personalidades de las bellas artes en nuestros días, dejadas al olvido o a reconocimientos en timidos círculos sociales en su paso por la vida. Nuesto grandioso compositor Jose de la Cruz Mena, sufrio en algunos episodios de su existencia, la misma suerte que a su vez le engrandece.
Un 15 de setiembre de 1904, se inaguro la Academia de Bellas Artes en Metropoli. Para la celebración del primer aniversario de la fundación de esta, la directiva, decidió convocar un certamen de distintas disciplinas expresivas entre las cuales se encontraba la composición de un vals, con un único requerimiento: que fuera para Piano, solamente. Las inscripciones para el evento se redujeron a cuatro, entre ellas nuestro protagonista el cual ya en esa época padecía de la penosa enfermedad de la lepra.
A las 2.pm, el teatro rebosaba de espectadores ansiosos por escuchar las obras. Uno tras uno, los valses fueron inundando la sala ejecutados por sus autores con la peculiaridad de que el público presente no podía diferencia a que compositor procedía, estrategia, al parecer, para dotar al certamen de cierta imparcialidad. La primera composición fue interpretada para Piano y violín, motivo de ventaja en respecto a los demás participantes, razón por la cual, debería ser descalificado, aunque, no fue este el caso… La segunda y la tercera se cenieron fueron planteadas solo para piano y hasta aquí, nadie savia a que compositor correspondía cada obra.
Al ejecutar el cuarto Valse, dominado por la belleza y originalidad de la obra, el público aclamó al autor como el digno del primer premio; y penetrando por puro instinto, adivinando, mejor dicho, que aquella pieza no podía ser de otra procedencia que la del inspirado Mena, resonaron incesantemente los estrepitosos aplausos, los vítores más entusiastas, retronando en todo el teatro ¡Viva Mena!
La directiva haciendo caso omiso de el fervor del publico, escogio a tres sujetos para que formasen el Jurado de entre los concurrientes y al parecer de forma poco preparada ya que el primero de los jueces tenia, fuertes vínculos con uno de los expositores, el segundo era un simple aficionado y el tercero todavía tenia menos actitudes que los dos primeros. El primero de los jueces, se declino por su ayegado, el segundo, el que al parecer era el menos dotado, opto recoger la opinión del publico y voto por Mena y el tercero en un alarde de sinceridad, expreso que era amigo de tal compositor (nombro su nombre) y por tal caso, no podia hacer menos que postular por el. Llegada la noche se dio paso a la entrega de premios, emprezando por la entrega de reconocimientos para el compositor del mejor verso en prosa y un Diploma de Honor igual, para el artista de una pintura al oleo.
Y la Música?….. Silencio sepulcral de la Academia de Bellas Artes; silencio criminal, que fue castigado por el público. A grandes voces pidió la ejecución del Valse Rurinas, de José de la Cruz Mena; aplaudiéndola y vivando a su autor.Doña Margarita Rochi de Alonso, que fue la que ejecutó el Valse de Mena en el certamen, se levantó del asiento que ocupaba en su Palco, y fue a colocarse en el del Piano, en medio de atronadores aplausos y vivas al compositor Mena. El Valse Ruinas fue interpretado magistralmente por la Sra. De Alonso, y escuchado por todos y cuando concluyó la ejecución, en medio de aquella Babilonia, se oía repercutir el nombre de Mena, aclamado por todos; y entre el ensordecedor ruido de un pueblo entero, que aplaudía y gritaba, ¡Viva Mena! Resonaba por todo el espacio.Quedó todo únicamente para la Historia; ni la Prensa dijo nada, protegiendo, con su silencio tan grave falta.
Documentacion. Teatro Municipal
Reportaje: Ivan Piqué
Ilustración: Arnau Sanz

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