Revelación del pasado

Eran las cinco de la mañana y empezaba a amanecer, el aeropuerto Augusto Cesar Sandino permanecía quieto e impasible, un reposo de tranquilidad de las horas que vendrán. Allí permanecía Elisa, sola, sentada en una incomoda silla de metal, esperando impaciente el vuelo 646 con procedencia de Miami.

Un fuerte ruido la despertó, acababa de aterrizar el avión en el que viajaba su hija. Se metió entre medio de la gente que también esperaban emocionados a algún familiar y que rompían con el silencio que durante toda la noche la acompañó.

Por fin la vio desde la lejanía recoger su maleta. Linda como siempre. Su corazón le palpitaba fuerte y en un segundo la tenía delante suyo. Elisa tuvo que esquivar una decena de personas per al fin lograron fundirse en un abrazo.

Marta, la hija de Elisa llevaba año y medio estudiando una maestría en Biología en New Jersey. Para Elisa un tiempo más que largo sin ver a su hija, su gran orgullo y la única cosa que tenia por la cual luchar.

Después de horas y horas platicando Marta sacó delicadamente de su mochila un paquete que acercó hacia su madre y le dijo -toma para ti, creo que te hará ilusión. Esta lo desenvolvió lentamente, era una vieja cámara fotográfica. Uno de aquellos objetos que quedaron obsoletos cuando salió la fotografía digital y la gente en poco tiempo las abandonó para el olvido.

La examino detenidamente, era una cámara Leica de 35mm. En su juventud fue una de las cámaras más populares. Las fotografías que sacaba tenían alma propia, cuando las mirabas parecía como si estuvieras dentro de las escena, observando disimuladamente detrás del fotógrafo.

Abrazó más fuerte que nunca a su hija, realmente la había sorprendido. Tiempo atrás era seguramente el objeto que más hubiera deseado tener, aunque la economía familiar de aquellos tiempos, como en su casa decían, no estaba para gastar en tonterías.

Marta le contó que la compró en un vieja tienda de antigüedades en Brooklin, un barrio bohemio de Nueva York, allí abundaban este tipo de comercios -son tiendas del recuerdo, donde el tiempo se detiene- le explico ante la mirada atónita de su madre que no comprendía porque la gente tenia que comprar objetos inútiles que ya nadie usaba.

Al día siguiente Elisa se levantó temprano, impaciente para examinar su nuevo camarógrafo y reencontrarse después de mucho tiempo con su afición que poco a poco y sin saber como, había ido perdiendo.

Dentro encontró un carrete de los que ya no se fabricaban. Una vieja película de celuloide que le llamó a curiosidad.

El contenido de él tenia grabadas instantes de la vida pasada del propietario. Una historia que durante años había estado guardada y todavía nadie había desvelado.

Rapidamente sacó todo el material del desván, líquidos, bombillas, azafatas y en menos de lo que canta un gallo volvió a preparar su sala de revelado.

Introdujo el negativo en la emulsión y minuciosamente los plasmó en el papel fotográfico. Elisa estaba muy nerviosa, le parecía como si estuviera haciendo algo malo, que de un momento a otro alguien entraría por la puerta y le pillaría. Le recordaba cuando de pequeña hacía alguna travesura y se escondía para que su madre no la descubriera.

Ella en medio de la tenue luz roja, colgando con pinzas las fotografías en los hilos que había colgado por toda la habitación. Los minutos le pasaban lentisimos esperando que aparecieran poco a poco las fotografías en el papel. Estaba deseosa por conocer esas viejas instantáneas que hacia tanto tiempo que permanecían ocultas.

Las primeras fueron apareciendo, se acercó sigilosamente y las miró con atención, no podía salir de su asombro, no se creía lo que estaba viendo. Un sudor frío le recorrió todo el cuerpo, el corazón le palpitó con demasiada intensidad, tuvo que apartar la vista, lo que veía en las fotografías le golpeaba fuerte en su interior. Tenia miedo, estaba asustada, con ganas de llorar. Descolgó una fotografía para mirarla con atención y vio….. CONTINUARÁ…

Relato: No road to home

Ilustración: Ivan Piqué

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